Hoy amanece muy pronto, antes que el sol mismo. Un despertar de pegamento, que hace costoso comenzar un día más. El ritmo alto. Pero la máquina estaba preparada, engrasada para funcionar de manera enérgica. Los días pasados a igual ritmo alto, quizá es eso lo que energiza la mecanizada. Se transporta, actúa, ejecuta, pregunta, responde. Reflexión, también engrasada, en una agilidad arrolladora que le permita avanzar su línea a pisadas firmes, al lado del abismo, que contempla poderoso, no ve el final de su línea, pero la recorre decidido. Hay dudas, constantes, pero llevan un paquete adjunto, la decisión. O es al revés, son las dudas las que vienen adjuntas. Da lo mismo, lo recorre encontrando muchos puntos de información, unos toscos, otros torpes, otros valiosos, otros cálidos, útiles, desastrosos... hay de todo. Pero son puestos fijos que se dejan en el curso de su línea. Por el camino se encuentra piedras que recoge, le parece que es lo que tiene que hacer, lo que le hace sentir sus músculos, lo que agiliza su reflexión. Lo que le hace mejorar. Pero son pesadas y cada vez hay más. El sol mientras tanto recorre la bóveda. Traza un arco y mientras bailan las sombras la línea se perfila. Y el ocaso, y la noche. Ya quedan pocos escalones, pero está cansado, solo y feliz.
martes, 28 de febrero de 2012
viernes, 24 de febrero de 2012
De la decadente universidad
Lo siguiente viene al hilo de esta entrada. En lo que respecta a la facultad de Ciencias de la Información de la UCM esto es lo que pasa a todas luces. Llegas a primero, con energía con ilusión, por fin has salido del instituto que se te quedaba pequeño, has descartado las asignaturas que no te interesan. Ahora vas a estudiar sólo lo que te gusta, todo es maravilloso, un mundo de posibilidades, conoces gente nueva, profesores que van a abrir la cerradura de tu mente. Al llegar a las clases te das cuenta de que esto no es así. Algunos sí son verdaderos ejemplos de docentes excelentes, que sacan lo mejor de ti, pero otros te das cuenta de que no aportan mucho, que sus clases son pasar el rato esperando que la nota te caiga de su despacho. Así el joven estudiante pasa primero y aunque se ha llevado alegrías y decepciones sigue con ilusión, no se la van a tirar unos pocos profesores mediocres.
Comienza segundo, el panorama empeora, profesores vanidosos, otros que enseñan humo, otros que te repiten el diagrama de la comunicación emisor receptor hasta la saciedad y que enarbolan un teléfono móvil en sus clases como paradigma de la comunicación moderna. El alumno se pregunta si ha sido solo por este año, solo salva a un par de los 8 profesores que ha tenido.
Tercero será otra cosa, y sí, él tiene suerte, pero sabe que en los otros grupos hay verdaderos cocos, ya conoce a unos cuantos profesores y los pasillos se llenan de historias de lo más surrealista, como la del profesor que aprueba si le limpias el despacho, o el lunático que en una asignatura que se llama Producción en nuevas tecnologías de la información te desgrana el funcionamiento de la lynotipia, máquina que lleva décadas en desuso. A alguien se le ocurre el ingenioso título: Nuevas tecnologías del siglo XVIII para la producción informativa.
El joven estudiante ya va haciendo callo, tres años le han servido para darse cuenta de que si no es por él, por su ilusión propia o por aquella que logre arrancar de ese par de buenos, brillantes profesores y profesoras que tiene la suerte de conocer cada año, no logrará la motivación de seguir con lo que eligió para estudiar.
En cuarto pasa a otro estado, ahora la veteranía le dice que no se corte en criticar al profesor, siempre y cuando lo haga con cautela. En este curso se topa con uno de los especímenes más pintorescos de la carrera. Un tipo que es un pavo fanfarroneador, ideal compañero de bares, pero pésimo en la docencia. Ni programa, ni orden, ni materia, la clase se reduce a una suerte de anecdotario mezclado con las reflexiones de quien se ha leído un par de libros y se cree inspirado. Falta fondo, falta forma y al hombre le gusta que se lo trabajen entre los pasillos, la cafetería y los despachos. Como si fuera el chico popular saluda o discrimina a los alumnos como le viene en gana. Se jacta de su vida profesional, de las pericias que tuvo que hacer en aquella maravillosa juventud para lograr tal o cual exclusiva. Pero es un pobre diablo, en el fondo te da pena. No quieres eso, no quieres convertirte en ese tipo de persona, pero la barrita de ilusión la tienes casi a cero. A estas alturas el alumno busca la motivación en proyectos al margen de la enseñanza universitaria, la carrera te ha dado para conocer a muchísima gente y los ratos en los bancos sirven para pensar mucho.
Ya ha llegado quinto, si todo sale bien pronto podrás salir de allí. En quinto el pragmatismo se ha apropiado de tu vida académica. El fin es acabar, sabes que has exprimido al máximo tu preciosa estancia en este lugar, y a pesar de que te lo has pasado en grande, que has aprendido lo que has podido y que has conocido a quien tenías que conocer sientes que toca fin de ciclo. De modo que ya no buscas esa calidad en la docencia, ya te han minado, has gastado cartuchos en luchas vanas, has visto como en la junta de facultad se acusó a un profesor con pruebas de haberse dormido en sus clases, de pasar de la asignatura y de los alumnos y comprobar cómo un grupo de profesores se posiciona en su defensa, blindaje hermético. Sistema 1 alumno 0. De modo que ya no te preocupan unas tareas o trabajos inútiles, infructuosos, si hay que aprobar con ellos se hacen con una sonrisa grapada en la cara. Tu sabes qué es lo correcto y que no. Has reflexionado sobre asignaturas y profesores, has puesto en tela de juicio aquellos conocimientos que parecían de relleno, sin contenido, sin utilidad, sin calidad. De modo que no hay culpa en ser pragmático y querer pasar página. Además vislumbras una nueva batalla, el becariado, ese peregrinar por el desierto con miserables sueldos prorrogables hasta casi el infinito, o como el caso de aquella amiga que tuvo que depositar 100 euros para poder hacer sus prácticas (no fuera a ser que saliera huyendo tras encontrarse el panorama, que en efecto resultó ser para salir pitando). Los contratos de tres meses en los que no se sabe hasta el día de antes si podrás continuar. Pero yo sé hasta cuándo se puede continuar, hasta el límite de tiempo becado, más allá es tratar de mirar en la niebla. Trabajos de mierda que el joven periodista se esfuerza en realizar porque quiere meter la cabeza, y con ese pensamiento en el que todos caemos sufrimos la prostitución de nuestra profesión. Porque mucha de la gente que sale hasta lo hace gratis. Pero ese ya es un tema laboral del que no trataré en este momento.
Quizá pasados unos años te pases a mirar cómo va ese edificio gris (para quien no lo conozca esta facultad es un mazacote de hormigón enorme) y sus chavales, algunos con granos todavía en la cara. Inocentes criaturas, yo era igual…
No quiero acabar sin encumbrar la labor de unos pocos profesores, que son los que mantienen un mínimo de calidad en esta facultad y como estos los que haya en otras universidades. Sin ellos la aventura académica superior sería el desastre total. Ellos son los que hacen que el barco no se hunda del todo. Ellos son el ejemplo de entrega e ilusión por uno de los trabajos más increíbles que puede tener el ser humano y es hacer perpetuar el saber de la especie en sus nuevas generaciones. Algo tan precioso no debería dejarse en manos de gente negligente.
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lunes, 26 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
De los juegos y los enlaces
Arleq no es cobarde, siempre sabe llamar la atención. En los juegos de la mente sabe sacar partido a los regocijos encendidos, y sabe más de la experiencia de lo que piensan las conciencias. Las de los letrados, los divinos y todos los de los lados, quienes supieron un momento dado deambular por los jardines. Y es que el juego continúa, y juguetes de boca boca entrelazan conexiones. Las pasiones, los olvidos y todas aquellas situaciones, verdinegras, en campos de enciclopedias. En acompasados movimientos, surgen del techo emblemas muertos, que ya no significan nada, que se han perdido en favor de la esperanza, de encontrar gargantas tronadoras, entre copas y pomposidad barata. Arleq se mueve y balancea e hipnotiza a quien lo contempla. Es bello, es dinámico, es algo casi panorámico. Sucede como otras veces en las que los quehaceres y las notas musicales hacen el amor sobre portales. Arleq no conoce, se hace el sueco, es impasible ante los necios, adolece de rebeldía en las noches y en los días. Lunas vinieron, se posaron como mariposas, se enrolaron en una empresa algo turbia, reconocer verdades en las caras de las gentes, las que llegan las que parten, las que no se sienten distantes, las de los viejos, las de los niños, todos aquellos que en infancias se encontaron con él, con Arleq, el que viene a contarte... el que viene a contarte... el que viene a contarte...
martes, 13 de diciembre de 2011
De cuando sales y te ves
Cuando a veces no sabes que es yo, es extraño, pasa que por un instante sales del cuerpo tomas conciencia ligera y dices, soy yo, hay muchos más pero este soy yo, yo piloto ese cuerpo, yo domino sus gestos, sus movimientos, me transportan esas piernas. Y rápidamente sin esperarlo vuelves a entrar. Has sido testigo de que existes, te has parado por un segundo de todos los que tiene el día a ser consciente de ti mismo, no lo entiendes, nadie te lo ha explicado y ahí estabas tú. Ahora tomas aire, lo saboreas, y si estas en la ciudad ya sabes que regusto negruzco deja en tu papilas, pero es sinónimo de vida. Tantas peleas, tantos llantos, tantas promesas y tantas risotadas que atreviste a partir delante de tus compañeros de viaje. Aquellos que te acompañan, los que vienen los que van, los que te hicieron pensar y quienes meramente fueron alguien accesorio. No te sientas mal por ellos, unas veces se es protagonista, otras no, las más. Pero de eso se trata, de recorrer las esquivas esquinas que se van pintando, que de gris pasa a verde y de verde al color de sus ojos. Y es que te acuerdas de ellos porque una vez se cruzaron un par de miradas y el lío se montó, se enmaraño como las raíces a las piedras que las sostienen. Estaba armada la batería de sentimientos que explotarían en cuanto se desenfundara el primer sable de palabras encriptadas en intenciones subterráneas. Que no hay tiempo a veces y que el tiempo y el tiempo, son objetos que a ti y a mí se nos escapan. Pero siempre tienes tiempo de salir y verte, y saber que eres tu. Ahora el entrelío de los danzantes entretejido entre entrañas de indesentrañables poesías se sirve en bandeja para que todos los que una vez supisteis que erais vosotros, pudierais haceros eco de aquella extraña sensación que a veces padecemos, la de ahí estamos.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Del porqué del ser humano y esa pregunta
A ningún sitio, más que a la vida. Hay quien se pregunta porqué estamos aquí, cual es la función que ha venido a desempeñar. Pero se sabe lo que se sabe, somos un cúmulo de organismos, de células.
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| la vida se clausura en vida la vida ese paréntesis también se cierra incurre en un vagido uiniversal el último Mario Benedetti La vida ese paréntesis |
¿Las mitocondrias para que están? para suministrar energía a la célula. ¿La célula para que está? depende de cual, pero está para trabajar en conjunto en una misión, ser un músculo, transportar sangre, transmitir señales elétricas... hay infinidad de ellas. Todas ellas forman los tejidos orgánicos que nos componen. Y en un rápido repaso llegamos a nosotros, las personas, que aquí estamos con muchas dudas de porqué toda esa ingeniería de vida se pone de acuerdo para que nos levantemos día a día sin un objetivo esencial. La razón de que aquí estemos es la vida, no tiene más complejidad, y esta razón es la que más peso tiene hasta que no se demuestre lo contrario. Vivir para reproducirnos para que otros vivan, como las plantas, o los molestos mosquitos, por ejemplo. Por ello en el segmento que dura desde que nacemos hasta que morimos el objetivo es vivir. Y esto es lo verdaderamente complicado, ¿quién nos enseña a vivir? Pues parecerá una tontería pero aprendemos a vivir viviendo. Todo lo que hacemos es para rellenar los cajones que forman el armario llamado vida. Hay quien no sabe que meter en ellos, hay quien teme que el armario pese demasiado y se caiga, hay quien une los cajones y los ata con un cordel, hay quien los llena de protección, de miedos, celos, envidias, amores, dependencias, alegrías, pasiones, penas, voluntad, presente. Una lista interminable de cosas, cosas para aprender, proyectos en los que implicarse. Todo ello, es el contenido de nuestros cajones de lo que en ellos haya dependerá que al final del segmento vida, uno haya vivido.
Al igual que las células o las mitocondrias somos parte de un sistema del que somos elementos imprescindibles y a la vez no. La vida se configura poco a poco de las acciones de cada uno y del entorno sistémico. Vivir es vivir y ese es tu sentido de la vida. Osea, nada sesudo.
martes, 12 de julio de 2011
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